La cinta dirigida por Sebastián del Amo es una verdadera desgracia: Cantinflas es un compendio de malos sketches cuyo protagonista (el español Óscar Jaenada) es un imitador del cómico.

La historia, con tintes de cuento de hadas, transcurre entre dos tiempos. Por un lado, se sitúa en la víspera de la conferencia de prensa de la cinta La vuelta al mundo en ochenta días, filme en el que participó el comediante mexicano. En este momento el productor del filme, Michael Todd (Michael Imperioli), no tiene confirmado a muchos miembros del elenco internacional, entre ellos al mismoCantinflas.

Por otro lado, da cuenta de los inicios del protagonista, poco antes de sus inicios en la Carpa.

En el transcurso de la cinta, los flashbacks del pasado se empatan con la conferencia de prensa. Este ir y venir temporal resulta bastante confuso en la ejecución, de tal manera que si no se conoce la historia de Cantinflas no resulta sencillo entender qué es lo que está pasando.

La personalidad de Cantinflas y la de Mario Moreno son una misma desde el inicio de la cinta, de tal manera que el segundo termina siendo un sujeto estúpido e infantiloide. El lado negativo del personaje se toca por encimita, lo que no ayuda mucho a su complejidad.

Quienes complementan el mundo del comediante son prácticamente intrascendentes, salvó su esposa Valentina (Ilse Salas) y Shilisnky (Luis Gerardo Méndez), de manera que no se entiende para qué salen. Por ejemplo, el personaje de Medel, compañero de Cantinflas en los primeros años. Los inicios deCantinflas no se entienden sin Medel.

¿Y qué tal Jaenada? Pues digamos que es un buen imitador y nada más.

Cantinflas es una caricatura mal hecha. Es sumamente pobre en contenido y con una hechura que por momentos nos recuerda el programa que hizo Cachirulo.

Lo más triste es que la Academia Mexicana la eligió para competir por un Oscar, lo que resulta sumamente vergonzoso.

Cantinflas se merecía algo mucho mejor –y también la audiencia mexicana–, aunque esto significara retratar sus puntos más bajos.