Por primera vez en 12 años, el proyecto petista –así es como se le llama a lo relativo al Partido Trabajador (PT), liderado por la actual presidenta de la República, Dilma Rousseff– está electoralmente amenazado por el fenómeno Marina Silva, la candidata socialista a las presidenciales que lidera los sondeos en  intención de voto empatada con la actual mandataria.

Varios factores son los que, en cuestión de semanas, han hecho cambiar la opinión  de una parte del electorado, principalmente la forma cómo Silva se presenta después de que fuera elegida sucesora de Eduardo Campos, candidato del Partido Socialista Brasileño (PSB) que murió en accidente de avión el pasado 10 de agosto. En su discurso encarna el factor cambio, a pesar de llevar 16 años en política, y algunos analistas la ven como la candidata que mejor expresa el clamor de las calles y la que ha sabido encandilar al ciudadano cansado de una Dilma que quería emular a Lula (expresidente 2003-2010), pero que sólo ha conseguido ser su sombra.

“Hasta hoy Rousseff no ha logrado imponerse como líder, ni parece que tenga mucha disposición. Está claro que hay un partido, el PT, y un líder, Lula, que están por encima suyo en su línea política. Ella parece que representa ese partido y ese líder más que estar por encima de ellos”, comenta a Excélsior Valter Duarte Ferreira Filho, profesor de ciencia política de la Universidad Estatal de Río de Janeiro.

Aunque a parte del liderazgo, otros apuntan que ese desencanto generalizado se debe a la falta de personalidad y la bajada de su popularidad. De hecho, en ocasiones los propios miembros del PT plantearon que Lula fuera el candidato en vez de Rousseff, para aprovechar el carisma del exmandatario.

El científico político JoseéCorreia Leite dijo en una entrevista al Correio da Cidadania que “el primer elemento importante, que marca la coyuntura política ya hace cierto tiempo, es la pérdida de legitimidad de Dilma, y la dificultad de la economía brasileña. Brasil creció en elboom de los commodities durante el gobierno Lula, pero, con la coyuntura internacional desfavorable después de 2008, el impacto sobre la economía ya es muy fuerte”.

Sin duda alguna, la situación económica durante la legislatura de Lula ha sido mucho más favorable que esa última. El PIB llegó a crecer 7.5% (2010), mientras que en todo el mandato de Rousseff  no ha llegado ni al la mitad de esta cifra en su mejor momento. Además, las proyecciones de crecimiento para la actividad en todo 2014 se reducen a menos de un punto. A todo ello se le añade la caída de las inversiones y la alta inflación.

Si bien no es fácil presentarse a la reelección con estás condiciones,tampoco todo el monte es orégano para la ecologista tránsfuga, que además de no tener experiencia en gobernar un país se contradice en algunos puntos de su programa.

Sin que su partido, Rede de Sostenibilidade, fuese reconocido como tal, se unió al PSB, pasando antes por dos partidos más (PT y Partido Verde), cosa que ha generado cierta desconfianza.

“Marina carga ambigüedades: dialoga con sectores progresistas y propone algunos temas ambientales, al mismo tiempo que pacta con la vieja política y resbala hacia el mesianismo y fundamentalismo religioso”, añade Correia Leite.

La disputa por el Palacio de Planalto está cada vez más alineada entre ambas candidatas que, según los últimos sondeos del Ibope, quedarían empatadas en la segunda vuelta.

La corrupción en Petrobras mancha la campaña del PT

Los escándalos en Petrobras, la mayor empresa de Brasil de la que el gobierno es el principal accionista, están alcanzando de pleno la campaña de Rousseff. El caso más reciente es el de Paulo Roberto Costa, exdirector de la compañía que fue acusado de aceptar sobornos a cambio de contratos. Según la revista Época, Costa dio una lista de nombres de personas implicadas, entre ellas 49 diputados federales, 12 senadores y por lo menos un gobernador de estado.

Aunque el responsable de su contratación fue Lula da Silva, el escándalo está siendo virulento para la Presidenta brasileña, porque los delitos sucedieron supuestamente bajo su nariz cuando ella presidía el Consejo de Administración de Petrobras.

“Nunca en toda mi vida política, nadie me ha visto tratando de esconder las cosas debajo de la alfombra. Estamos luchando contra la corrupción, no con palabras vacías, sino con acciones concretas”, mencionó Rousseff en un acto electoral.

A pesar de que ella no está implicada personalmente en ningún delito, la controversia amenaza su reputación como administradora.

El poder de los evangélicos y la debilidad de los negros

Su gran afán a la causa religiosa ha hecho que Marina Silva conquistara una suculenta porción del electorado, pero que también desencantara a la población negra que considera que la igualdad racial está poco tratada en su programa.

Miembro de la Asamblea de Dios, uno de los sectores más conservadores, se presenta para gobernar en el país con mayor número de evangélicos, más de 40 millones de seguidores (35% de la población).

También presionada por la élite del clero modificó su proyecto político los temas relacionados con el aborto y el matrimonio homosexual. Y a pesar de mostrar un perfil más liberal en temas raciales, como crear un proyecto para condenar la homofobia, nunca quiso arriesgarse y retiró esa parte de su programa para evitar conflictos con el votante evangélico.

Si bien es la única de los tres candidatos principales a dedicar todo un capítulo para la población negra, la exsenadora no es percibida como una representante de esa fragmento del población.

Mujeres siguen marginadas en la política 

Salvo sorpresa de última hora, Brasil seguirá presidido por una mujer –Dilma Rousseff o Marina Silva– a partir del 1 de enero de 2015, un avance inapelable sobre la participación femenina en la vida pública que, sin embargo, no se reproduce a todas las esferas políticas.

La elección de 2014, en la que más de 142 millones de brasileños están llamados a la urnas, elegirá al nuevo jefe del Estado, gobernadores, diputados federales y de los estados en dos turnos, uno el 5 de octubre y el segundo y definitivo el 26.

Todos los sondeos recientes sitúan a Dilma Rousseff, actual presidenta y candidata del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), como líder en el primer turno, con alrededor de 40% de los votos.

En segundo lugar se sitúa cómodamente –en torno a 27 por ciento– la candidata del Partido Socialista Brasileño (PSB), Marina Silva, que aventaja al candidato centroliberal Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que tiene 17% de la intención de voto.

Ello supone que las dos mujeres, cuyas vidas reflejan historias de superación
–Rousseff fue activista y fue torturada y encarcelada durante la dictadura; Silva nació en un ambiente de pobreza y fue analfabeta hasta los 16 años– se enfrentarán en el segundo turno de las elecciones por la Presidencia, el día 26.

Datos del Tribunal Superior Electoral señalan un aumento de 8.0 por ciento en el número de candidaturas femeninas a las elecciones de 2014, respecto a 2010.

De los 22 mil 737 candidatos aptos para los comicios, seis mil 525 son mujeres, mientras que esa cifra apenas alcanzaba los tres mil 757 cuatro años atrás.

La ley obliga desde 2009 a los partidos políticos a que presentan “candidaturas con un mínimo de 30 y un máximo de 70 por ciento de cada sexo”, lo que promueve mayor participación en las candidaturas de mujeres.

Sin embargo, las mujeres aún ocupan un lugar minoritario en los cargos políticos electos: apenas 45 de los 513 miembros de la Cámara de Diputados son mujeres (9%) y en el Senado la representatividad femenina es de 13%.

–Notimex